Marruecos está muy cerca de España, con solo 15 km de separación en el estrecho de Gibraltar y una frontera terrestre en Ceuta y Melilla.
Marruecos se sustenta en tres pilares: Dios, Patria y Rey. El islam sufi es predominante, ofreciendo una versión más mística y flexible del islam. Esta corriente es menos integrista que otras, como el wahabismo de Arabia Saudí, y busca una conexión más personal y espiritual con Alá. La idea del Gran Marruecos, que incluye territorios de Mauritania, Malí y Argelia, es central en su política. Esta noción irredentista legitima la ocupación del Sáhara Occidental y proyecta a Marruecos como una potencia emergente. La monarquía, encabezada por Mohamed VI, combina poder político y religioso, siendo el rey considerado el Príncipe de los Creyentes. Este título le otorga una legitimidad especial, ya que se considera descendiente directo de Mahoma.
El Sáhara Occidental es uno de los principales puntos de conflicto, con Marruecos ocupando el territorio y enfrentando tensiones tanto internas como externas. La ocupación ha generado desigualdades entre los colonos marroquíes y los saharauis, así como entre los marroquíes que viven en otras regiones del país. Además, existen divisiones culturales y lingüísticas con la población amazigh (bereber), que se siente discriminada. Los amazigh son musulmanes pero no árabes, y su lengua y cultura son diferentes, lo que ha generado tensiones con la mayoría árabe. Las protestas en el Rif y otras regiones rurales también reflejan estas desigualdades y el descontento con el gobierno central.
La monarquía marroquí enfrenta tensiones internas, con figuras como Abdelatif Hamouchi y Yassine Mansouri jugando roles clave en la seguridad y el espionaje. Hamouchi es el jefe de la seguridad nacional y de la policía secreta, mientras que Mansouri dirige los servicios secretos exteriores. Los hermanos Ait Taleb, antiguos luchadores de MMA, han ganado influencia en la corte, generando descontento entre los servicios secretos. Mohamed VI, el actual rey, ha mostrado signos de debilidad y ausencia, lo que ha generado un vacío de poder y disputas internas. Su hijo, Mulay Hassan, es el heredero, pero su juventud y el apego a su madre, Lalla Salma, generan dudas sobre su capacidad para gobernar.
Marruecos ha logrado posicionarse como una potencia emergente en África y el mundo árabe. Su relación con Estados Unidos es crucial, siendo el primer país occidental en reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Estados Unidos es también su principal proveedor de armamento. La rivalidad con Argelia es intensa, afectando la estabilidad regional. Argelia apoya al Frente Polisario y la causa saharaui, lo que ha generado conflictos históricos y tensiones continuas. Marruecos ha utilizado su relación con Israel y su reconocimiento diplomático para fortalecer sus vínculos con Estados Unidos y otros países occidentales.
España y Marruecos tienen una relación compleja y a menudo tensa. La inmigración es un punto de presión, con Marruecos utilizando la apertura de fronteras como herramienta de chantaje. Las cuestiones territoriales, como Ceuta, Melilla y las aguas de Canarias, también generan fricciones. A pesar de esto, España es un socio comercial y energético clave para Marruecos. España es el principal socio comercial de Marruecos y uno de los mayores proveedores de turistas. La cooperación antiterrorista y los acuerdos de pesca son otros puntos importantes en la relación bilateral. Sin embargo, Marruecos ha demostrado ser hábil en utilizar su influencia y presión para obtener concesiones de España.
El futuro de Marruecos está ligado a la salud y sucesión de Mohamed VI. Internacionalmente, Marruecos busca consolidarse como un hub tecnológico y económico, aprovechando su posición estratégica y las relaciones con África occidental. La inversión en energías renovables, como el hidrógeno verde, y en sectores tecnológicos, como los coches eléctricos, es parte de su estrategia para diversificar su economía. La integración en la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) es una posibilidad que fortalecería su posición en el continente. Sin embargo, las tensiones internas y las disputas en la corte real podrían afectar la estabilidad del país.
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