Durante décadas, el mercado internacional del aceite de oliva ha sido escenario de una pugna silenciosa pero constante entre dos gigantes mediterráneos: España e Italia. Aunque Italia ha sido tradicionalmente reconocida como sinónimo de calidad y sofisticación en este sector, gran parte del aceite que vende proviene de su vecino del sur, España, el verdadero motor productivo del mundo oleícola. Sin embargo, este equilibrio está cambiando.

España, el gigante productor del aceite de oliva

España se ha consolidado como el mayor productor mundial de aceite de oliva, representando en la campaña 2021/22 aproximadamente el 44% de la producción global, según datos del Consejo Oleícola Internacional. Además, acaparó el 59% de las exportaciones internacionales. En contraste -siempre según los datos de esta misma fuente- Italia produjo solo un 10% y logró un 20% de participación en las exportaciones, destacando más por su capacidad comercial que por su producción. Esta disparidad refleja la fortaleza productiva de España, con regiones como Andalucía a la cabeza gracias a sus extensos olivares y sistemas de recolección tecnificados.

Italia: el maestro del marketing con aceite español

Italia ha sabido capitalizar su reputación y experiencia comercial para construir marcas globales como Bertolli, Carapelli y Pompeian, que son percibidas como referentes de calidad. No obstante, gran parte del aceite que envasan y comercializan proviene de España. Mediante una hábil estrategia de importación, embotellado y reexportación, Italia ha conseguido vender aceite español como si fuera propio, muchas veces a precios premium, gracias al valor añadido de la etiqueta «Made in Italy».

El cambio estratégico de España: del granel a la marca

Históricamente, buena parte del aceite español se vendía a granel, principalmente a empresas italianas. Sin embargo, en los últimos años ha habido un giro hacia la comercialización directa con marca propia. Compañías como Deoleo —propietaria de Bertolli y Carapelli— están ahora bajo control español, lo que representa un paso clave en la estrategia de dominio completo: producción, envasado y comercialización. Este modelo refuerza el control de España sobre la cadena de valor, aunque muchas de estas marcas sigan proyectando una imagen italiana.

Expansión global: España lidera fuera de Europa

España no solo ha consolidado su liderazgo en Europa, sino que ha ganado terreno en mercados estratégicos como Estados Unidos, México, China y Japón, desplazando parcialmente a Italia. Empresas como Dcoop y Sovena han contribuido a esta expansión, invirtiendo en calidad, trazabilidad y marketing adaptado a las preferencias locales. La penetración en estos mercados ha sido clave para aumentar la visibilidad y el prestigio del aceite español a nivel global.

Desafíos de calidad y percepción

A pesar de su potencia productiva, España sigue enfrentando críticas respecto a la calidad, especialmente asociadas a la variedad picual, la más común en el país. Mientras tanto, Italia mantiene su imagen de excelencia gracias a una mayor cantidad de denominaciones de origen protegidas (DOP) y una tradición artesanal más reconocida. Esta ventaja en marketing y percepción le permite vender a precios superiores, incluso cuando el origen del producto es otro.

El reto del cambio climático

El futuro del aceite de oliva en España también está marcado por la amenaza del cambio climático. La sequía, el aumento de temperaturas y la desertificación, particularmente en el sur del país, están poniendo en jaque la sostenibilidad del cultivo del olivo. Esto representa un riesgo para la competitividad del sector, que deberá adaptarse con innovaciones tecnológicas, variedades más resistentes y una gestión hídrica más eficiente.

La «guerra del aceite de oliva» no se libra únicamente en los olivares o en las cifras de exportación; se disputa también en la mente de los consumidores. Mientras Italia ha sabido vender una narrativa de calidad y tradición, España, aunque líder en producción, aún está construyendo su marca global. Sin embargo, con su creciente apuesta por la calidad, el valor añadido y la internacionalización, España está cada vez más cerca de no solo ser el mayor productor, sino también el gran referente del aceite de oliva en el mundo. La batalla, más que por litros, es por la percepción.

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