África es el continente con más procesos de integración regional y continental del mundo. Muchos de estos procesos son más ambiciosos que los de la propia Unión Europea. Algunas de sus organizaciones tienen incluso fuerzas militares de respuesta rápida que han llegado a intervenir en países. Este año se cumplen 60 años de la fundación de la Organización para la Unidad Africana, la antecesora de la actual Unión Africana.
África es un continente diverso, con potencias regionales que tienen intereses muy evidentes. Las potencias tradicionales han sido Sudáfrica, Egipto y Nigeria, no solo por ser las economías más potentes, sino también por cuestiones poblacionales. Sin embargo, hay otros países que están emergiendo y juegan un papel importante en sus regiones, como Senegal en África Occidental, Marruecos con su mirada hacia el África subsahariana, y Etiopía, que siempre ha tenido una proyección significativa. También hay puntos estratégicos como Yibuti, que controla el estrecho de Bab el-Mandeb y alberga bases militares de varios países, incluida la única base militar de China en el extranjero. Ruanda, aunque no es una potencia tradicional, se ha convertido en un punto de acceso económico y tecnológico en la región.
El principal proceso de integración en África es la Unión Africana, fundada en 2002 y que mezcla la integración política con proyectos económicos. Este proyecto fue impulsado por Muamar el Gadafi en 1999, quien planteó la idea de crear una federación económica similar a Estados Unidos. Además de la Unión Africana, hay muchos otros procesos de integración a nivel económico y regional. La integración africana tiene un carácter muy regional, con países que se concentran en diferentes áreas. Las fronteras en África son muy porosas, lo que hace más lógico hacer procesos de unidad regional en lugar de un proceso homogéneo.
Uno de los proyectos más ambiciosos es el Área Continental de Libre Comercio (AfCFTA), que es la zona de libre comercio por número de miembros más grande del mundo, con 54 países y una superficie comercial de 1.300 millones de personas. La idea es que estos países levanten los aranceles para fomentar el comercio de bienes y servicios. Aunque África todavía tiene mucho por hacer, conforme van entrando ingresos en estos países, las industrias se desarrollan cada vez más. África es un continente muy joven, con mucho potencial y capacidad de desarrollo.
El comercio intrafricano, que es el que se hace entre los países africanos, solo representa un 14% de las exportaciones. Las organizaciones comerciales buscan impulsar el comercio interno para que haya más consumo y prosperidad en las regiones de África. Sin embargo, hay muchos procesos de integración que se solapan entre sí, lo que puede ser disfuncional. La descolonización fue un momento clave en la historia africana, y la colonización marcó profundamente a los países africanos. La inseguridad y los conflictos internos derivados de las fronteras coloniales siguen siendo una prioridad para estos países.
La conferencia de Berlín en 1884 fue un punto de inflexión en la historia africana. Las potencias europeas establecieron las normas para la división del continente, y en 20 años se habían repartido África. Reino Unido y Francia fueron los principales beneficiados, mientras que Alemania, Italia y España obtuvieron algunas migajas. Etiopía y Liberia fueron los únicos territorios que no fueron colonizados. La colonización erosionó los procesos de integración que ya existían en África, como el imperio de Shaka Zulu en el sureste del continente.
Los movimientos de independencia en África tuvieron diferentes visiones sobre cómo construir la unidad africana. Kwame Nkrumah, el líder de Ghana, fue uno de los personajes clave en la descolonización de África. Nkrumah creía que los africanos debían unirse en unos Estados Unidos de África para ser realmente libres de Europa. La conferencia de Bandung en 1955 fue el origen de la cooperación sur-sur, impulsada por líderes como Nasser de Egipto y Sukarno de Indonesia. El movimiento de los países no alineados buscaba no depender ni de los países occidentales capitalistas ni de los países de la órbita soviética.
La influencia de la Unión Soviética y el socialismo fue significativa en los movimientos de independencia africanos. La Cuba de Fidel Castro fue especialmente activa en apoyar movimientos revolucionarios en África. Los antiguos poderes coloniales también hicieron méritos para ganarse el rechazo de los africanos, como el asesinato de Patrice Lumumba en la República Democrática del Congo. Lumumba fue un pensador congoleño que luchaba por la liberación de su país y fue asesinado tras un golpe de estado apoyado por belgas y estadounidenses.
Thomas Sankara, conocido como el Che africano, fue un líder revolucionario en Burkina Faso en los años 80. Sankara impulsó la igualdad, el respeto ambiental y rechazó la injerencia del Banco Mundial y el FMI. Sin embargo, su sueño revolucionario panafricanista no duró mucho, y fue asesinado tras un golpe de estado apoyado por el gobierno francés. Sankara representaba una visión más socialista de la integración africana, mientras que Nkrumah tenía un enfoque más liberal.
La integración africana ha tenido diferentes corrientes, como el etiopianismo, la negritud y el panafricanismo. El panafricanismo, que nació en Estados Unidos, fue la corriente que triunfó y llevó a la creación de la Organización para la Unidad Africana. Sin embargo, la Unión Africana no ha terminado con los procesos de integración regional, y hay muchas organizaciones que funcionan mejor que la propia Unión Africana, como la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS).
Los problemas reales y tangibles que han estancado la integración africana incluyen la dificultad de adaptarse a un sistema internacional impuesto, las fronteras coloniales, los conflictos por el poder y la dependencia económica de las antiguas colonias. La instrumentalización de las divisiones étnicas también ha dificultado la cooperación y la integración. Aunque hay un claro espíritu de cooperación en África, las potencias regionales tienen intereses diferentes, lo que complica la integración continental.
África tiene un potencial enorme para la integración y el desarrollo, pero enfrenta muchos desafíos. La cooperación en el ámbito de la seguridad es fundamental para mantener la estabilidad regional y avanzar hacia una integración política y económica. Aunque es difícil que la integración africana se consolide en el corto plazo, el camino que se está siguiendo es el adecuado para fomentar el consumo y la producción interna. África puede negociar con diferentes actores internacionales y aprovechar las oportunidades para impulsar su industrialización y desarrollo.
Los procesos de integración continental están reconfigurando el tablero económico y geopolítico del siglo XXI. Pero ¿qué oportunidades reales existen para quienes saben mirar más allá de los titulares?
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